No es la llama olímpica, no son integrantes de Antorcha Campesina; nacidos en y trabajadores del campo, van para siete días sin bañarse, tiznados por el sol, descalzos, con ámpulas y llagas, unos entumidos, otros acalambrados; llenan la lombriz en paraderos, duermen donde cae la noche y corren un megamaratón en busca del trofeo llamado bendición.
Mientras algunos devotos se trasladan en el confort de un ADO GL con rumbo a la Basílica de Guadalupe, hay quien lo hace a patín, turnándose y trotando 2 kilómetros, pero no de Puebla al DF, sino de Puebla a Chiapas.