Cristina Kirchner, bajo presión sindical
06/28/2012 - 10:36
En una verdadera demostración de fuerzas en la que no ahorró calificativos y acusaciones en contra la presidenta argentina Cristina Kirchner, el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, pidió a la jefa de Estado que “abandone esa soberbia abrumadora” y atienda las necesidades de los trabajadores en “un diálogo”.
Ante decenas de miles de personas que entorpecieron algunos puntos de la ciudad y con el apoyo de otros sindicatos, Moyano calificó de “ignorancia” el “no dialogar”, ya que “dialogando demostraría “grandeza”, al tiempo que acusó a la mandataria de aprovechar la época de la dictadura militar “para refugiarse en el sur del país y hacer negocios con la (circular) 1050 hasta enriquecerse mientras nosotros enfrentábamos a la dictadura”. “La 1050” fue una impopular medida económica lanzada por la dictadura militar por la que cientos de miles de personas veían indexarse sus créditos hipotecarios y por lo tanto perdieron sus casas.
Néstor y Cristina Kirchner tenían un estudio de abogados dedicado a ejecutar legalmente a los deudores. “Ellos se inventan su propio libreto y se lo creen”, expresó el dirigente, quien intentó mostrarse como el jefe de la oposición, al hacer referencia al histórico abrazo entre Ricardo Balbín, extinto líder radical, con Juan Perón en 1972.
En el mismo momento que los trabajadores comenzaban su acto en la Plaza de Mayo, la jefa de Estado aparecía por la cadena nacional de Radio y Televisión desde un pequeño pueblo de la provincia de San Luis, inaugurando una fábrica de chacinados (productos a base de carne para consumo humano), desde donde pidió “no perder lo conquistado”.
La evidencia de que entre el gobierno y el sindicalismo peronista existe una guerra ya era notoria. “Este gobierno dejó de ser bastante nacional y bastante popular”, dijo Moyano desde el escenario y acotó que el kirchnerismo “nada tienen que ver con el peronismo cuando atacan a las organizaciones sindicales, porque están atacando a los trabajadores”. “Pareciera que un reclamo legítimo, como el de bajar el impuesto a las ganancias para los trabajadores, fuera una extorsión, que un paro general fuera un golpe de Estado ¿En qué país estamos viviendo?”, acotó.
Minutos después leyó el recibo de sueldo de un chofer de camiones para desmentir a la presidenta que en la víspera había minimizado el efecto de ese impuesto en los salarios. “Presumo que le informan mal a la presidenta”.
En todo momento, Moyano se dirigió en forma directa a la presidenta, en una jornada que estuvo precedida por el temor a enfrentamientos. “Intentaron meterle miedo a la gente para que no venga al acto y apretaron a dirigentes para que tampoco vengan. Ellos no vinieron pero sus trabajadores están aquí”, agregó.
Asimismo, advirtió que cuando más presionan a los sindicalistas “más nos fortalecemos. Somos mansos nobles y prudentes, como decía Perón, pero no somos tontos ni arrugamos (tener miedo) en ninguna circunstancia”, añadió para luego aclarar que no es la de él, una actitud golpista, como le endilga el gobierno.
“La presidenta gobernará hasta el 2015 y yo seguiré porque seré reelegido en la CGT”, puntualizó. Desde el gobierno, el diputado oficialista Martín Sabatella, acusó a Moyano de “no hacer un reclamo sindical sino una medida política”, mientras que la ministra de Acción Social, Alicia Kirchner, aseguró que “el modelo nacional y popular nunca abandona a los trabajadores”.
Por su parte, desde la oposición política, tanto el centroizquierdista Fernando Solanas como el radical Ricardo Alfonsín apoyaron el reclamo de Moyano. “Cuando se falsea la realidad con estadísticas absurdas pasan estas cosas”, dijo Solanas quien participó de la movilización porque “el gobierno no puede hacer oídos sordos a estas cosas”.
Por su parte, Alfonsín le recordó la mandataria que a su padre, el ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) le hicieron 13 huelgas y “nunca acusó de golpista ni a la CGT ni a los sectores del justicialismo que lo acompañaban”. Mientras los camioneros colmaron la Plaza de Mayo, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), opositora, realizaba un acto en la Plaza de los dos Congresos para adherir al reclamo de dejar sin efecto el pago de los impuestos a las ganancias para los asalariados.
La de este miércoles pareció ser la primera batalla de fuste entre el sindicalismo y el gobierno pero no la última. Ya que, fiel a su historia, el peronismo vuelve ocupar todo el espectro político, al dividirse en dos facciones bien definidas: el oficialismo y el que ocupa el primer lugar del frente opositor.
La huelga general convocada por Moyano tuvo un acatamiento irregular. Su gremio, el de choferes de camiones, tuvo una adhesión del “cien por ciento”, dijo su líder, lo que afectó el transporte de cargas, combustibles y de alimentos y la recolección de residuos.











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