Viernes, Mayo 24, 2013
Imagen de Luis Maldonado Venegas

Opinión

11/17/2011 - 02:42
Valores, ética y educación

Escribí en reflexiones anteriores que el dinero es, desde tiempos inmemoriales, uno de los ejes rectores de las relaciones humanas. Pero advertí que hay otros valores, sin los cuales la convivencia humana sería punto menos que imposible.

Aristóteles (siglo IV a.C.) y Platón fueron figuras centrales del pensamiento filosófico de la antigua Grecia. En la vasta producción intelectual de Aristóteles, alumno de Platón, hay una obra de 10 libros (Ética Nicomaquea), dedicada a su hijo Nicómaco, en la que define cómo debe conducirse el ser humano para alcanzar la felicidad.

Numerosos autores coinciden: en la Ética Nicomaquea, en los fundamentos plasmados en textos bíblicos judeocristianos (Moisés y los dictados del Monte Sinaí, aproximadamente en el 1250 a.C.), así como en las doctrinas de otras religiones, residen muchos de los valores del mundo occidental vigentes hasta nuestros días.

Más allá del discernimiento entre valores éticos, morales y cívicos, tema vasto para este espacio, el hecho es que el catálogo universal es amplísimo y diverso: honradez, bondad, modestia, solidaridad, responsabilidad, deber, lealtad, justicia, generosidad, etcétera.

Con los valores también juega un rol esencial para la convivencia humana la tolerancia. El filósofo inglés John Locke (1632-1704) fue el primero en fundamentar el tema, al que también habrían de dedicarle espacio intelectuales de la talla del francés François-Marie Arouet, también o mejor conocido como Voltaire (1694-1778). Voltaire pregunta: ¿qué es la tolerancia? Y responde: “Tolerancia es la consecuencia necesaria de la comprensión de que somos personas falibles: equivocarse es humano, y todos nosotros cometemos continuos errores. Por tanto, perdonémonos unos a otros nuestras necedades. Ésta es la ley fundamental del derecho natural”.

El alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) resumió con sencillez y claridad al respecto: “No perjudiques a nadie, sino que ayuda a todos lo mejor que puedas”. Atraído por estas ideas, el sociólogo y filósofo austriaco Karl Popper (1902-1994) formuló la “paradoja de la tolerancia” en su célebre obra La sociedad abierta y sus enemigos. A partir de la falibilidad del ser humano al que se refiere Voltaire, señala Popper que ello demanda una nueva ética profesional en la que “la actitud autocrítica y la sinceridad se convierten en un deber".

La virtud es una expresión del carácter, y éste es producto de los hábitos, pero lo es también de la libertad. Sin libertad no hay valores. Y el disfrute de la libertad conlleva otra condición: la responsabilidad, que es “virtud por excelencia de los seres humanos libres”, decía el filósofo prusiano Emmanuel Kant (1724-1804).

De vuelta a la línea aristotélica, los buenos hábitos son virtudes necesarias para alcanzar la felicidad, aunque en el ser humano esos buenos hábitos dependen del conocimiento, de la cultura, terreno en el que entran en juego el carácter, la inteligencia y, desde luego, la educación. Porque las virtudes no se heredan, se adquieren con esfuerzo, constancia y educación (familiar y escolar).

“La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de rehusarse a adquirirlos”, decía Popper.

luismaldonadovenegas@hotmail.com.mx 

Luis Maldonado Venegas

Secretario de Educación de Puebla

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
To prevent automated spam submissions leave this field empty.