Miércoles, Junio 19, 2013
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Opinión

12/01/2011 - 04:00
¿La quimera del euro?

 

Dentro de un par de meses se habrán cumplido 20 años de la firma del Tratado de Maastrich (llamado así por la ciudad holandesa en la que se signó el acuerdo), mediante el cual se creó una moneda única para los países miembros de la Unión Económica Europea (UEM): el euro.

Ello implicó no solamente una moneda única para Europa continental, sino también una política monetaria única, la coordinación de políticas económicas de los Estados miembros y, en lo político, la dotación a éstos de nuevos instrumentos comunes en materia de política exterior, seguridad y cooperación judicial y policial.

Se determinaron requisitos para ingresar a la UEM, entre otros: el déficit público no puede superar 3% del PIB y la deuda pública no puede ser superior a 60%; el tipo de interés medio a largo plazo no puede exceder en más de 2 puntos de la media de los tres países con mayor estabilidad de precios; la moneda nacional debe mantenerse dentro de las bandas fijadas por el Sistema Monetario durante los dos años anteriores al ingreso en la UEM.

En el curso de tres etapas, la última de las cuales se ha prolongado hasta el 2011, fueron liberados los movimientos de capital en la mayoría de los Estados miembros, se desarrolló el mercado único, hubo libre circulación de capitales, surgió el Instituto Monetario Europeo, se creó un Sistema Europeo de Bancos Centrales, el nombre de “euro” a la moneda común llegó para quedarse y se abrió la inscripción de países miembros. Hasta el año que corre, de los 27 Estados integrantes, solamente Dinamarca y el Reino Unido se han mantenido al margen de la adopción del euro.

Pero el gozo está a punto de irse al pozo. La grave crisis crediticia e hipotecaria de Estados Unidos, que en 2008 provocó la quiebra de medio centenar de bancos y organismos financieros, así como la caída de la capacidad de consumo y ahorro de la población, contagió rápidamente a Europa.

Por la velocísima autopista de la globalización, la crisis financiera se aparejó con una descomunal crisis de confianza por distorsiones y desequilibrios acumulados, paradójicamente, durante los años de gran bonanza. En este sombrío despertar, países y millones de seres humanos empiezan a advertir que llevan años viviendo del crédito.

En Europa la crisis se acentuó por malos manejos económicos, corrupción, agitación política y protestas populares ante el anuncio de medidas correctivas draconianas, todos ellos ingredientes letales que sacudieron los cimientos de la UEM y del euro. El contagio alcanzó a Portugal, Grecia, Italia, España. Cayó primero el gobierno de Portugal, le siguieron las renuncias de Georges Papandreu en Grecia y de Silvio Berlusconi en Italia; en España, con cinco millones de desempleados, José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que anticipar cuatro meses la elección de sucesor, que favoreció a Mariano Rajoy…

Pero la crisis sigue amagando. En Europa hay quienes ven con pesimismo el futuro del euro. Como una quimera (parafraseando la célebre película de Charles Chaplin, La quimera del oro), palabra cuya definición clásica refiere a lo que se propone a la imaginación como algo posible o verdadero, no siéndolo.

luismaldonadovenegas@hotmail.com

 

Luis Maldonado Venegas

Secretario de Educación de Puebla

 

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