Butch Harmon difícilmente podía creer lo que veía.
Dos de los rostros más reconocibles del planeta casualmente platicaban mientras paseaban en Florida, Estados Unidos.
Mientras la prensa de la Casa Blanca estaba fuera de las puertas, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, disfrutaba de 18 hoyos con el golfista número uno del mundo, Tiger Woods.
Si alguna vez hubo una pareja poderosa, fue esta.