Hoy que concluye el sexenio calderonista se impone una reflexión sobre la que fue su política exterior. No voy a negarle algunos méritos, particularmente que después del desastre causado por Fox en América Latina, Calderón se tomó el tiempo y la energía para restaurar los lazos de amistad con nuestros hermanos, preparando incluso con Chile, Perú y Colombia una estrategia asiática: la incorporación de nuestros cuatro países al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP).
Quienes seguimos de cerca las elecciones del martes 6 en Estados Unidos, tomamos conciencia de lo apretado que por momentos se tornaba la contienda. El mapa electoral cambiaba del azul al rojo y viceversa. Se sentía que quien ganara lo haría por un margen muy pequeño que podría poner en juego incluso la propia gobernabilidad en aquel país.
La Unión Europea (UE), con la que en 1997 México firmó el Acuerdo Global conocido como TLCUE que entró en vigor en 2000 y que incluía, de manera destacada, la cooperación internacional, acaba de anunciar que ha decidido suspender, a partir del 2014, el apartado financiero de cooperación bilateral programable con nuestro país, debido a la crisis de la UE.
En el Barack Obama que en 2008 ganó las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos, muchos admiramos la llegada, a base de un gran esfuerzo, del hijo de un keniano a la primera magistratura del país más poderoso de la Tierra. Eso ocurría en una nación en donde hasta hacía poco tiempo, los afroamericanos, como él, casi no tenían derechos. Tal vez, eso hizo creíble su promesa de campaña de llevar adelante una reforma migratoria integral, permitiéndole captar el voto latino.
Política exterior de Estado con los tres órdenes de gobierno
Senadora de la República
El pasado lunes fui invitada al Estado de México por su mandatario, Eruviel Ávila, para asistir a la instalación de la Comisión Ejecutiva de Asuntos Internacionales de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), que este año celebra su décimo aniversario y actualmente es presidida por el gobernador de Chihuahua, César Duarte.
En los últimos años el entorno latinoamericano, del que México forma parte indisoluble, se ha caracterizado, en términos generales, por la estabilidad política y por varios ejemplos de avance económico, entre los cuales sobresalen los crecimientos experimentados por países como Brasil, Chile y Perú.
“México no ha entendido el fenómeno de la globalización”, me dijo un amigo experto en el tema y, luego de un intercambio de puntos de vista, alcancé la misma conclusión por varias razones.