Señores consejeros del Instituto Federal Electoral: Reciban a través de ésta un saludo más o menos cordial, dado que no me da mucho gusto extenderles la diestra a personajes tan medrosos que, con sus actitudes timoratas, ya ponen en riesgo el llevar a buen puerto el proceso comicial en el que estamos embarcados. Y es que, a lo mejor, eso que ustedes padecen puede ser contagioso.
Por mucho tiempo, el discurso de los perredistas ha sido otorgar derechos plenos a los capitalinos y, cada vez que pueden, se pronuncian por impulsar una reforma política cuyo propósito sería dejar de tratar a las personas de la ciudad como ciudadanos de segunda.
Da vergüenza saber que se niegan unos miles de pesos para dar condiciones adecuadas a la enseñanza de ajedrez escolar a niños de Iztapalapa, que han ganado primeros lugares en competencias nacionales con la representación del Distrito Federal.
Las necesidades de cierre de esta edición impiden tratar el tema que hoy acapara los encabezados en la prensa, la radio y la televisión: el primer debate de candidatos presidenciales que estaba por iniciar cuando se terminaba de escribir esta columna. Ya habrá pues la oportunidad en la colaboración de pasado mañana de referirnos al desempeño de los candidatos, al contenido de sus mensajes, a la cobertura y alcances del debate y a sus efectos en la intención del voto.