Hoy en día la educación se mide bajo estándares mundiales; educativos, pero también económicos. Sin embargo, los egresados de los diferentes niveles escolares, inclusive los de educación superior, no necesariamente cuentan con las capacidades, competencias y habilidades que se requieren para participar exitosamente en la globalización.
Este domingo 1 de julio será la primera elección presidencial en la que no esté en juego la definición de nuestra democracia. Su importancia estriba más bien en la selección del equipo gobernante que tendrá que resolver los grandes problemas de México.
Las encuestas están basadas en una ciencia inexacta, pero con un rango de incertidumbre que puede cuantificarse. Hay márgenes de error que se conocen de antemano dependiendo de la metodología empleada. Y el impacto que el universo específico que se elige también se conoce (o deduce) a priori. Y, sin embargo, en una elección presidencial tan importante como ésta, no hay dos encuestas iguales.
A diferencia de lo que sucede con otras naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el único país de este organismo multilateral donde el mayor grado de estudios no otorga una ventaja para insertarse en el mercado laboral. Es paradójico, pero quienes cuentan con estudios de primaria o secundaria, tienen mayores posibilidades de encontrar una fuente de trabajo que los jóvenes con estudios universitarios.
En el sexenio del Presidente Felipe Calderón (2006-2012) los resultados en PISA aumentaron en todos los rubros, matemáticas (419), lectura (425) y ciencias (416). A la vez, aumentó la cobertura en matrícula escolarizada, la tasa de terminación de la educación básica y el índice de eficiencia terminal, y se redujo el índice de deserción. En su VI Informe de Gobierno, Calderón pudo decir que; "durante los últimos seis años se presentaron menores índices de rezago en todos los niveles educativos (alfabetización, primaria y secundaria)."
A partir de este primero de diciembre, Enrique Peña Nieto, inicia su administración al frente del gobierno federal. Durante su campaña y ya como presidente electo de México, en diferentes espacios plateó que uno de sus grandes desafíos de su administración será elevar la calidad de la educación. Por eso es que los diferentes sectores de la sociedad, y principalmente los actores del proceso educativo, esperan la propuesta educativa para su deliberación y análisis.
Nueva York,--El actual Secretario de Educación, Arne Duncan, que antes dirigió el sistema educativo de esta ciudad, ha alertado que en Estados Unidos "tenemos una crisis en múltiples niveles" en la educación. El Presidente Barack Obama busca llevar a cabo una reforma de la política educativa, pero enfrenta restricciones de diversa índole --financieras, laborales y regulatorias, entre otras.
Se ha construido un sistema educativo federalista, pero no un federalismo para la educación. Y eso hace toda la diferencia si lo que se busca es elevar la calidad educativa o, por lo menos, tener un sistema de administración de la educación que sea racional. El actual no lo es.
Si vemos la composición social por distrito electoral, separada por criterios demográficos y partidistas en los 50 entidades --desde Alabama hasta Wyoming--, y después sumamos el número de votos que cada entidad aporta a un total nacional de 538 (por lo que el ganador requiere obtener 270 o más), se puede anticipar quién ganará la elección presidencial de Estados Unidos.
En la actual coyuntura somos testigos de una ofensiva en contra del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y los maestros, porque en el fondo está la disputa por el control de la educación en vísperas de la integración del nuevo Gobierno.