Es cierto. Las tristes y ramplonas campañas electorales han dejado indemne a Felipe Calderón. Nadie lo toca. Las críticas a su fallida y corrupta gestión aparecen muy de vez en vez –sobre todo en materia de seguridad y de bienestar de la población--, aunque escuálidas, demacradas, sin empuje alguno.
“En 1930 tuve la intuición de que el cine sonoro convertiría al novelista, aunque este dispusiera de la mayor audiencia, en algo tan arcaico como el cine mudo”, declaró Scott Fitzgerald una vez que decidiera convertirse en un guionista famoso.
Yo me deslindo, tú te deslindas, ellos y ellas se deslindan… Todo México parece cautivado por esta palabrita que tenía hasta hace poco más usos agrícolas que políticos. Pero es tal el estado que guardan nuestras campañas que candidatos y partidos se preocupan más por separarse de sus militantes incómodos y menos por buscar nuevos adherentes, muchos de ellos, hay que decirlo, igualmente espinosos.
Una moda que ha cobrado gran auge entre los deportistas, en especial entre los futbolistas y los boxeadores, son los tatuajes, diseños que cubren partes de su cuerpo para transmitir, según ellos un mensaje, ya sea de solidaridad o de rebeldía.