Ante las múltiples crisis que se entrelazan y profundizan, aunado al agotamiento del régimen político y de un modelo económico que ha sido incapaz de brindar alternativas a la desigualdad que lacera a los mexicanos, la única opción viable es un viraje responsable que permita instaurar una nueva era de convivencia basada en la reconciliación nacional. Se trata de construir una transformación con estabilidad y certidumbre, en la cual los ciudadanos sean protagonistas de los cambios.
Como señal ominosa, la provocación que se montó en el DF se ha cernido sobre el nuevo gobierno. La expectativa de cambio que genera el inicio de una nueva administración con alternancia se ensombrece y genera escepticismo.
Nos encontramos a días de que concluya uno de los periodos de gobierno más nefastos de nuestra historia reciente. No me refiero sólo a la ilegalidad y falta de legitimidad a partir de la cual Felipe Calderón asumió la Presidencia, la cual explica su subordinación a los grupos e intereses que le permitieron ocupar el cargo y el divorcio de las causas y preocupaciones de una sociedad a la que fue ajena.
La denuncia de Humberto Moreira respecto a la participación de narcoempresarios vinculados a la explotación de minas de carbón en el asesinato de su hijo, descubre con crudeza la punta de un enorme iceberg de lo que representa la presencia de la delincuencia organizada en la economía nacional.
En el discurso de los “modernos”, los trabajadores siempre pagan los platos rotos. En aras de la “modernidad”, se conculcan derechos y garantías; se limitan los salarios, se favorece a los monopolios; se admiten márgenes inimaginables de ganancias que concentran el ingreso y profundizan la desigualdad. El Estado abdica de sus responsabilidades sociales y de la rectoría económica. Mantiene privilegios, asume pérdidas privadas, alienta el corporativismo y la corrupción. Todo en aras de la “modernidad” que le exige a México el mundo globalizado.
En Peter Pan, la novela fantástica del escritor escocés James Matthew B, se recrea “El país de Nunca Jamás” (Neverland), una isla donde el tiempo no transcurre, donde los niños, liderados por Peter Pan, nunca crecen, sólo existe la diversión y la felicidad.
Tras la elección presidencial de 2006 la izquierda entró en un proceso de división y diferenciación. El posicionamiento ante el gobierno espurio de Calderón; la contienda por la presidencia nacional del PRD y la ruptura de la Coalición Por el Bien de Todos, que condujo a severas derrotas como sucedió en las elecciones locales de Guerrero en 2008, auguraban su fractura.
El proceso electoral puso en evidencia el control que los poderes fácticos mantienen sobre el país. México es gobernado hoy por una minoría que detenta el poder económico y que en esta elección jugó el papel determinante.