Tener otra vez enfrente un conflicto electoral —como en 2006— es una mala noticia. El proceso electoral ha terminado, a pesar de que falta la fiscalización, y se abren dos rutas: un movimiento social que impugna la legitimidad, desconoce el fallo del Trife y llama a la desobediencia civil; por otra parte, queda la parte ganadora que llama a reconocer la legalidad de las urnas y darle vuelta a la hoja para la formación del gobierno.
El inicio de un sexenio abre fuertes reacomodos de poder. No sólo se trata de cambios del equipo gobernante y de nuevos proyectos para el desarrollo del país, sino también de montar las escenografías que necesita la política para funcionar.
Cada inicio de sexenio tiene como objetivo renovar las expectativas sociales y mostrar que el país será mejor y que se harán los pendientes que faltan.
Con el rito de paso surge un nuevo presidente que establece un estilo, una forma de comunicación y un conjunto de promesas. ¿La llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia renueva alguna esperanza?
Con el fin de esta administración no sólo termina el sexenio de Felipe Calderón, sino el periodo de gobiernos panistas. En estos 12 años se puso a prueba una alternancia que resultó fallida en las expectativas que se pusieron en juego y en los resultados obtenidos. La transición mexicana ha tenido enormes problemas para pasar de la competencia política a la construcción de una república democrática. ¿Qué pasó con las principales apuestas políticas de este gobierno que termina el próximo viernes 30 de noviembre?
El debate sobre la legalización de la mariguana es complejo y apenas inicia. El cannabis ha sido un disparador de políticas y estrategias. Cada vez que un estado de nuestro vecino del norte somete a votación el uso legal de la hierba, aquí en México crece la polémica. El pasado 6 de noviembre los estados de Colorado y Washington votaron en favor del uso recreativo de la mariguana, es decir, una legalización completa.
Uno de los retos importantes de nuestro sistema político es resolver la condición jurídica y política en la que se encuentra la ciudad de México. La historia del despojo es larga: desde que Obregón suprimió los municipios en la capital, en 1928, el DF fue gobernado de forma directa por el presidente de la República. Tuvieron que pasar casi 70 años para que los ciudadanos de esta urbe pudiéramos elegir a un jefe de gobierno. Sin embargo, la capital del país todavía depende de los poderes federales para sus decisiones estratégicas.
Como una estrella de rock se paseaba ante los más de 3 mil 200 delegados del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que le aplaudían y le gritaba que la querían: “¡Elba!, ¡Elba!, ¡Elba!”. El VI Congreso Nacional Extraordinario del sindicato más poderoso y, sobre todo, numeroso del país, fue una fiesta para su lideresa. “Si me piden, me quedo, haré lo que digan. Ellos me mandan”, así resume Elba Esther Gordillo su posición para entrarle a un nuevo periodo en el máximo puesto del SNTE.
La suerte de la reforma laboral cambia todos los días. Por circunstancias extrañas, la semana pasada hubo una coincidencia en el Senado entre el PAN y el PRD para volver a integrarle lo que le quitaron. Los diputados aprobaron la reforma con la mayoría del PRI, PAN y PVEM, la izquierda votó en contra, pero esa mayoría de legisladores decidió quitar los temas de transparencia y democracia directa. Ahora la bandera de la discordia entre senadores y diputados, entre PRI y PAN, es la transparencia y la rendición de cuentas.
Existe una opinión muy amplia que considera que en Venezuela la democracia se encuentra amenazada por el gobierno que encabeza Hugo Chávez desde hace 14 años. El argumento que apoya esta tesis es el control que tiene sobre las instituciones políticas del país y de los medios masivos. Al mismo tiempo, no se puede desconocer que Venezuela no es Cuba, que Chávez ha tenido que ganar las tres elecciones anteriores y que en esta ocasión enfrentó la competencia más reñida que ha tenido y el resultado le dio la victoria con 54.42% de los votos, frente a 44.97% de la oposición.
A la memoria de Alonso Lujambio Se pueden hacer diversos ejercicios sobre cómo será la vida política con el PRI de regreso en Los Pinos. Incluso, no hay que esperar a que termine el sexenio para ver lo que está pasando en México. En el Congreso se han dado ya los primeros avances. No hay que hacerse ilusiones de que tendremos cambios para mejorar la democracia y el bienestar del país; tampoco hay que pensar que la política será muy diferente a lo que fueron los últimos 12 años de panismo, la tónica dominante será de continuidad con algunos reacomodos.